A 25 años del 11-S, Al Qaeda volvió a levantar campos de entrenamiento en Afganistán
A un cuarto de siglo de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Al Qaeda volvió a operar campamentos de entrenamiento terrorista en Afganistán, según coincidieron funcionarios de inteligencia de Estados Unidos y de países occidentales, junto con un informe de las Naciones Unidas encargado de monitorear redes terroristas. La organización y sus filiales establecieron al menos ocho centros de entrenamiento en los últimos tres años, aprovechando el regreso de los talibanes al poder en Kabul en 2021 y el vacío de seguridad dejado por la retirada militar estadounidense de ese mismo año.
El liderazgo actual de la organización recae en Saif al-Adel, un egipcio que ayudó a administrar campos de entrenamiento en Afganistán tras su llegada al país en 1988, aunque se cree que permanece oculto en Irán, lo que refleja las propias dudas de la organización sobre la seguridad en su antiguo bastión. Según el informe de la ONU, Al Qaeda continúa gozando del patrocinio de las autoridades talibanas de facto, y varios de sus comandantes de alto rango vivirían actualmente en Kabul, aunque su estructura central es hoy mucho más reducida y fragmentada que la que existía antes de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono.
Pese a esa transformación, el riesgo no desapareció: el mismo informe advierte que el apetito de Al Qaeda por realizar operaciones internacionales de alto impacto se mantiene intacto, aunque la organización privilegia hoy el reclutamiento en línea y alienta a simpatizantes radicados en países occidentales a llevar adelante ataques de «lobo solitario» sin necesidad de trasladarse a los campos de entrenamiento, dado el intenso escrutinio al que serían sometidos por las listas de vigilancia antiterrorista vigentes desde 2001.


