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De una filtración del Pentágono a la ONU: cómo escala la disputa entre Argentina y el Reino Unido por Malvinas

La tensión diplomática entre Buenos Aires y Londres por la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas continúa escalando semana tras semana. El Gobierno formalizó parte de sus medidas mediante los DNU 867/2026 y 868/2026: este último designó a la Cancillería como autoridad de aplicación de la Ley 26.659, que establece penalidades para actividades de exploración o explotación de hidrocarburos en la plataforma continental argentina sin permiso del país, y fijó un plazo de cinco días hábiles para que los organismos estatales comuniquen posibles incumplimientos vinculados a esa normativa.

El Reino Unido respondió calificando las sanciones argentinas de «inaceptables» y reiteró que el comercio en las islas se rige por la legislación británica. La Cancillería argentina, por su parte, rechazó «de la manera más enérgica» una guía difundida por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Commonwealth y Desarrollo (FCDO) de Londres, que promueve la actividad comercial e hidrocarburífera en la zona y sostiene que la legislación argentina no aplica sobre el archipiélago.

La escalada retórica sumó un capítulo adicional el 12 de septiembre, cuando el presidente estadounidense Donald Trump ofreció declaraciones ante la prensa en Dublín, tras reunirse con el primer ministro irlandés, en las que volvió a referirse a la disputa. El episodio se enmarca en un contexto internacional más amplio, atravesado además por el reciente pacto de seguridad que Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia acaban de sellar sobre el Ártico, que algunos analistas leen como parte de un mismo reacomodamiento geopolítico global en zonas de disputa territorial.