La escalada del petróleo por la guerra en Medio Oriente aleja la posibilidad de una baja en los surtidores argentinos
El barril de petróleo Brent cerró el jueves en USD 107,63, su nivel más alto desde mediados de mayo, tras una jornada en la que los contratos llegaron a rozar los USD 108 por el recrudecimiento de los ataques en el estrecho de Ormuz y la toma de un puerto estratégico en el mar Rojo por parte de los rebeldes hutíes. Desde los mínimos de comienzos de agosto, el crudo acumula una suba superior al 30%, un salto que ya empezó a trasladarse con fuerza a las estaciones de servicio argentinas.
Según un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), a esta presión internacional se suma un factor doméstico: el peso del Impuesto sobre los Combustibles Líquidos (ICL) en el precio final pasó de representar el 8,9% en noviembre de 2023 al 20,1% en agosto de 2026, lo que equivale a un aumento real acumulado del 240% desde el inicio de la actual gestión. De los $2.045 que hoy cuesta un litro de nafta súper en la Ciudad de Buenos Aires, unos $411 corresponden a impuestos. El Gobierno decidió postergar hasta el 1° de octubre la actualización plena de ese tributo —la decimotercera postergación desde 2024—, con el objetivo de no convalidar un salto adicional en la inflación mensual.
El presidente y CEO de YPF, Horacio Marín, había defendido meses atrás un esquema de «buffer» para contener el traslado inmediato de las oscilaciones internacionales a los surtidores, aunque advirtió que ese mecanismo tiene un límite: si el petróleo se mantiene por encima de los USD 100, la presión terminará trasladándose gradualmente al consumidor. Especialistas de la consultora 1816 calculan que, con un Brent cercano a esos valores, el combustible local todavía se comercializa como si el petróleo cotizara a unos USD 84 el barril, lo que deja margen para nuevos ajustes en las próximas semanas, especialmente si la conjunción entre la suba del crudo y la actualización pendiente del impuesto se produce en simultáneo a partir de octubre.


