En 72 horas, el INDEC difundió cuatro informes con malas noticias y el Gobierno no logra contrarrestar el impacto
En apenas tres días, el INDEC publicó una seguidilla de datos económicos que generó fuerte preocupación en el mercado y la opinión pública: el martes difundió el relevamiento de salarios, el miércoles los datos de ventas en supermercados, mayoristas y shoppings de julio, el jueves el Estimador Mensual de Actividad Económica del mismo mes, y ese mismo día el mayor sacudón, con el índice de pobreza del primer semestre en 32,3%. El oficialismo intentó morigerar el impacto apelando a cuestiones de coyuntura y comparaciones estadísticas con años anteriores, pero la sucesión de números golpeó fuerte sobre el clima financiero.
El propio riesgo país reflejó ese deterioro: cerró la semana en niveles que no se veían desde abril, superando los 600 puntos básicos en varias ruedas, mientras los bonos y las acciones argentinas operaron en terreno negativo. A esto se sumó una noticia puntual con fuerte simbolismo industrial: la multinacional sueca Electrolux confirmó el cierre de su planta en la Argentina y dejará de producir en el país, un caso que se suma a la lista de empresas que redujeron o discontinuaron su operación local en los últimos meses.
En el plano cambiario, los datos de agosto mostraron que los argentinos compraron para ahorro unos USD 2.500 millones, sosteniendo la demanda de dólares pese al deterioro de los indicadores de actividad y empleo. El desafío para el Gobierno, según remarcan analistas consultados, no pasa solo por explicar estos números puntuales, sino por mostrar en las próximas semanas señales concretas de reactivación, en un contexto donde las propias internas libertarias —con las tensiones entre Patricia Bullrich, Karina Milei y el equipo económico— también restan margen de maniobra política para acompañar cualquier anuncio con un mensaje unificado.


