Javier Milei irá a la cumbre del Mercosur en tensión con Brasil y con Venezuela como telón de fondo

El mandatario participará del encuentro que se realizará este lunes y martes en Paraguay. Las dudas de los aliados sobre el acuerdo bilateral con EEUU y el pedido de adhesión al CPTPP

Tras una visita fugaz por la ciudad de Madrid, la capital de España, Javier Milei participará de la cumbre de los jefes de Estado que integran el Mercosur que se realizará entre este lunes y el martes en Asunción, Paraguay. Y lo hará en el marco de una serie de tensiones políticas sin resolver que amenazan con opacar los avances del bloque, más allá del acuerdo comercial con la Unión Europea.
El canciller paraguayo, Rubén Ramírez, confirmó el pasado jueves la presencia de siete mandatarios: los cinco miembros del bloque (además de Argentina y Paraguay, Brasil, Uruguay y Bolivia, con estatus de miembro pleno, pero que atraviesa por un periodo de adaptación de su marco legal), más el presidente chileno José Antonio Kast y el ecuatoriano Daniel Noboa.
Los cancilleres de Colombia, Chile y Panamá también asistirán como representantes de estados asociados, junto a invitados especiales de Alemania, Emiratos Árabes Unidos, Trinidad y Tobago y Uzbekistán, además de una delegación de 30 empresarios.
La agenda oficial incluye los avances del tratado con la UE, las negociaciones con Japón para un Acuerdo de Asociación Económica —anunciadas por el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y la primera ministra japonesa Sanae Takaichi durante el reciente G7 en Francia— y los avances con Canadá y Singapur.

La posible reincorporación de Venezuela, suspendida del bloque regional, no figura en esa lista, pero es una discusión que circulaba por lo bajo en los pasillos diplomáticos, por lo menos hasta los trágicos terremotos que sacudieron a Caracas y sus alrededores, y que dejaron hasta el momento más de 1400 muertos.
El acuerdo que Brasil llama “distorsión”
El foco de tensión más relevante siguen siendo las diferencias ideológicas y políticas entre Milei y Lula da Silva. Según se informó, el gobierno brasileño espera que Argentina aproveche la cumbre para aclarar los alcances del acuerdo comercial que se firmó con Washington en febrero (con eliminación de aranceles para 1.675 productos), ante el temor de que pueda generar “distorsiones” en el bloque.
Según informó la agencia EFE, esos temores fueron manifestados formalmente por la delegación brasileña en la reunión del Grupo Mercado Común de marzo en Asunción, la instancia preparatoria de la cumbre. Brasilia considera que cualquier acuerdo comercial o estratégico con Washington debe ser compatible con las obligaciones asumidas por Argentina dentro del bloque y con el tratado de libre comercio con la UE vigente desde el 1° de mayo.
Para Ignacio Bartesaghi, director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), la tensión responde a una lógica que el país vecino mantiene desde hace décadas. “Brasil siempre ha querido tener atada a Argentina en la política comercial común. Siempre está Brasil diciendo: no pueden ustedes negociar por separado”, señaló en diálogo con Infobae.
El analista apuntó a la disputa de liderazgo regional como motor del conflicto: “Brasil se siente incómodo con el liderazgo que ha querido tener Milei con Trump. Ese vínculo no lo tiene Lula. Esa puja por el liderazgo es teoría de Itamaraty clásico”, sostuvo.
Esa tensión tendrá un capítulo simbólico antes de que Milei llegue a Paraguay. Este lunes —el mismo día que arranca la cumbre— el presidente se reunirá en Buenos Aires con el senador brasileño Flavio Bolsonaro, principal candidato opositor a Lula en las elecciones presidenciales de octubre, en el marco de una conferencia de la Israel Allies Foundation. Cerca del gobierno argentino no ocultan sus preferencias por una derrota electoral del líder brasileño, según pudo saber Infobae.
Otras diferencias internas
Este mes, el canciller argentino Pablo Quirno formalizó ante Nueva Zelanda —país depositario del tratado— la solicitud de adhesión de Argentina al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP). El bloque reúne a doce economías —entre ellas Australia, Canadá, Japón, México, Nueva Zelanda, Perú y el Reino Unido— que en conjunto representan cerca del 13% del producto bruto mundial y alrededor del 15% del comercio global.
Según datos oficiales, durante 2025 las exportaciones argentinas hacia esos países alcanzaron los 16.329 millones de dólares y generaron un superávit comercial de 8.930 millones de dólares. Uruguay avanzó en paralelo con un pedido similar.
La decisión abrió un interrogante político sin respuesta pública: si Argentina concreta la adhesión, será el primer acuerdo comercial internacional en el que el país estará como par con el Reino Unido, con el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas vigente y actualizado. El jueves pasado, el canciller exigió a Reino Unido que acepte negociar la soberanía en la última audiencia del Comité de Descolonización de la ONU.
Para Bartesaghi, la jugada de Lula de anunciar negociaciones Mercosur-Japón en el G7 no es casual: “¿Vos te creés que es casualidad que Lula apuró el anuncio de un acuerdo Mercosur-Japón cuando Japón es el principal país del CPTPP? Lo que está haciendo Lula es mover jugadas para decir después: ¿para qué quieren ir al CPTPP si ya estamos cerrando Mercosur-Japón?”, dijo el analista. La estrategia de Brasilia, según Bartesaghi, apunta también a convencer a Japón de que no apoye el ingreso individual de Uruguay o Argentina al tratado transpacífico.

Venezuela en discusión
Las cancillerías de Paraguay y Uruguay prefirieron el silencio cuando fueron consultadas por este medio sobre si el reingreso de Venezuela al bloque figurará en la agenda de la cumbre. “No tenemos comentarios sobre el tema”, respondieron fuentes de Asunción. Desde Montevideo, la respuesta fue similar. Tampoco está en la agenda oficial, hasta el momento, alguna acción concreta o pronunciamiento sobre los sismos golpearon al país caribeño el pasado miércoles. “Quizá surja”, señalaron fuentes diplomáticas.
Sí hubo un comunicado de la CELAC, que actualmente preside Uruguay. “La CELAC lamenta profundamente la pérdida de vidas humanas, transmite sus más sinceras condolencias a los familiares de las víctimas y extiende su solidaridad a las personas y familias afectadas. La CELAC manifiesta su pleno apoyo a los ingentes esfuerzos de rescate, asistencia y recuperación en curso, y expresa el deseo de sus Estados Miembros de colaborar en todo lo que esté a su alcance de manera individual y colectiva en dichos esfuerzos”, se afirmó en el texto.
El contraste con las declaraciones previas es llamativo. En marzo, el jefe de Gabinete Civil de la Presidencia paraguaya, Javier Giménez, declaró públicamente que su gobierno está “plenamente de acuerdo” con la reincorporación venezolana y que la plantearía durante su presidencia pro tempore, según consignó ABC, al igual que un pedido similar por parte de Colombia. Ese período finalizará en la cumbre, cuando la presidencia se traslade a Uruguay.
En esta línea, el vicepresidente brasileño Geraldo Alckmin fue explícito a finales de abril: “Venezuela se incorporó al Mercosur, fue suspendida y, al entrar en un momento distinto, eso será rediscutido”, declaró en Brasilia a periodistas, según informó Bloomberg y replicó O Globo.
Para Bartesaghi, el impulso detrás del pedido tiene un origen claro: “Este es un interés más de Brasil que de Paraguay. Brasil siempre quiso una ampliación del Mercosur, porque para Brasil el Mercosur tiene que ser América del Sur”. Y advierte sobre los riesgos de esa lógica ampliacionista aplicada simultáneamente a Venezuela, Colombia y Panamá: “Es una gran familia que está en crisis y decide tener más hijos para solucionar sus problemas”, graficó.
Argentina ejerce el veto.
Para que Venezuela recupere la membresía plena se requiere el consenso de los cuatro países fundadores, y Buenos Aires no tiene intención de ceder. Las razones que esgrimen fuentes diplomáticas argentinas son precisas: Venezuela fue suspendida del Mercosur por dos motivos distintos y ambos siguen vigentes. El primero es el incumplimiento de los compromisos asumidos en el Protocolo de adhesión al bloque —adoptar normas, políticas y disciplinas comerciales comunes—, que nunca se concretó. El segundo es la violación del Protocolo de Ushuaia sobre compromiso democrático. “A la fecha, lo primero no tuvo ningún avance y lo segundo sigue ocurriendo”, señalaron a este medio.
Es más, hasta la reactivación del diálogo entre Buenos Aires y Caracas para coordinar el envío de ayuda humanitaria a las víctimas de los terremotos, la relación estaba rota. De hecho, la Argentina sigue sin representación diplomática, denunció en casi todos los foros regionales las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen chavista y reclamó la liberación de los presos políticos. Hasta la fecha, permanece privado de su libertad el abogado Germán Giuliani.
“Es una violación flagrante del Protocolo de Ushuaia. La cláusula democrática es clarísima: tiene que haber una recuperación del orden democrático. Y acá no hay ninguna”, afirmó Bartesaghi. Sobre el argumento de que la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en enero cambió el escenario, el analista es tajante: “¿Cuál es el cambio? ¿El apoyo de Estados Unidos y que no está Maduro? El entendimiento de Trump con Delcy Rodríguez no supone que ella esté en un proceso democrático. Eso recién se va a dar cuando se lleven adelante elecciones transparentes y justas».
En tanto, fuentes argentinas en el Parlasur fueron más cautelosas: “Me resulta difícil que pueda pasar con la elección de Brasil tan peleada y los senadores paraguayos en contra, pero hoy en día todo es posible”.
Hay, además, un antecedente parlamentario que podría complicar el proceso desde adentro de Paraguay. Cuando Venezuela ingresó al Mercosur en 2012, lo hizo durante un receso parlamentario paraguayo —aprovechando la suspensión de ese país tras el juicio político al expresidente Fernando Lugo— y sin el voto de aceptación del Senado paraguayo, que históricamente se había opuesto. Para sectores del Congreso paraguayo, esa membresía careció de legitimidad desde el punto de vista del derecho interno.
«Lo que se está discutiendo es sentarla de vuelta en el asiento de toma de decisiones del Mercosur, poner a Rodríguez en la foto de familia del bloque. Esa es una imagen de proyección internacional muy mala”, finalizó Bartesaghi.
Desde Bruselas, la cuestión no genera alarma inmediata: una fuente diplomática de la UE en Buenos Aires señaló a este medio que el posible reingreso “no modifica la dinámica de la relación” con el Mercosur y precisó que, en caso de que se avace en este sentido, “no significa que automáticamente ingrese al acuerdo”.


