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Los Testigos de Jehová dieron un giro histórico y ya permiten donaciones y transfusiones de sangre a sus fieles

Los Testigos de Jehová anunciaron el cambio más importante en la doctrina de la iglesia desde su fundación en 1931: a partir de la semana pasada, cada fiel puede decidir por sí mismo si dona su propia sangre y si recibe transfusiones de otras personas, revirtiendo así la estricta prohibición que regía desde 1945. La decisión fue comunicada por el Cuerpo Gobernante, con sede en Warwick, Nueva York, tras «orar y estudiar el tema», según explicaron.

La prohibición histórica se basaba en la interpretación de un pasaje del Nuevo Testamento (Hechos 15:28-29) que instaba a los fieles a «abstenerse de la sangre», considerada como la vida sagrada otorgada por Dios. Bajo esa doctrina, introducir sangre ajena al organismo mediante una transfusión era visto como una violación de esa ley divina, al punto de que muchos fieles llegaron a morir —o dejar fallecer a familiares— antes que aceptar el tratamiento, y desde 1961 la organización aplicaba la expulsión a quienes aceptaran componentes externos. El vocero internacional Paul Gillies remarcó que «para los testigos de Jehová, la sangre sigue siendo sagrada», pero aclaró que las decisiones médicas sobre estos componentes pasan a ser «una cuestión de conciencia entre cada Testigo y su Dios, Jehová».

El cambio se suma a otras flexibilizaciones anteriores, como la aceptación de autotransfusiones (usar la propia sangre extraída antes de una cirugía) anunciada en marzo de este año. Especialistas en bioética consultados señalaron que la medida podría facilitar la relación entre pacientes testigos de Jehová y los sistemas de salud, al ampliar las opciones médicas disponibles sin contradecir del todo sus principios religiosos, aunque algunas organizaciones críticas reclaman al Cuerpo Gobernante una disculpa pública por las muertes ocurridas bajo la doctrina anterior.